Este texto no contiene spoilers.

Allá por el lejano 1999 el mundo estaba asustado y animado al mismo tiempo. La incertidumbre de un nuevo milenio gregoriano daba pie para que las generaciones jóvenes adultas se la pasaran pendejeando por distintas corrientes, pero al mismo tiempo aplicando cierta desobediencia a las reglas. Internet estaba en pañales en Latinoamérica… con suerte podías tener una conexión decente a 56kbps y los ricos, de 1mb. Aún así, campañas como la de #BlairwitchProject y #TheMatrix causaron sensación entre los todavía atarantados digitales.

What is the Matrix?, se preguntaba la página oficial, programada en HTML básico. Y si navegabas en ella, te mamaba la estética verdinegra y el modo techno-neo-punk-industrial que usaba para adentrarnos en una historia desconocida. La llegada de “The Matrix” evolucionó muchísimas cosas. Desde los impresionantes y nunca antes vistos efectos especiales, la visión tecnológica global y hasta logró vendernos la Cerveza Sol mientras dos vatos se agarraban a bergazos en el metro.

The Matrix Resurrections posiblemente no logre lo que hizo la primera, pero es una gran oportunidad para platicarle al mundo las herencia de las teorías súper locas del dueto formado por los -en ese entonces- hermanos Wachoski, teorías que hace casi 22 años nos dejaron caer a todos, sin pensar que estábamos ante la película que pudo haber sido la culpable del progresismo actual. Hoy Lana, un ser transgénero tecnosexualizade y sadomasoquista, se va por otro lado menos revolucionario, pero para nada sencillo.

Resurrección es una palabra que evoca el regreso físico de alguien que ya puede ir a visitar a don Chente Fernández; generalmente es utilizada para cuestiones religiosas y esotéricas. Aquí no es la excepción. Thomas Anderson vive en una ciudad moderna y trabaja como diseñador de videojuegos exitoso. Por su parte Trinity está casada, tiene hijos y es toda una señora MILF. Todo bien ¿no? Pues ni mergas. El estado mental de Mr. Anderson es malísimo y tiene que visitar a su terapeuta para que lo aliviane. En eso lo encuentran la banda fuera de la matrix y termina por agarrar la fiesta de la píldora roja que le ofrece un nuevo Morpheus, mientras se acompaña de otros luchadores por la realidad en búsqueda de encontrar respuesta. Hasta este momento, todos tenemos un chingo de dudas. ¿Cómo le hicieron si estaban bien moridos en Revolutions? ¿Qué chingados pasó con Morpheus Fishburne? ¿La ciudad de Sión todavía hace fiestas con las chichis de fuera? ¿QUÉCOÑOESTÁSUCEDIENDO? Cada respuesta sería darles un spoiler, pero por lo menos puedo asegurar que todas estas tienen un argumento convincente que te va a dejar con tu cara de güey mientras dices ‘asisierto’.

De hecho, a veces entre más te responden te salen más dudas, pero eso es parte del encanto de la película. Aquí hay ruptura de la cuarta pared, hay súper poderes bien chingones, efectos especiales vanguardistas y secuencias que te van a dejar con el q-lito fruncido en la butaca. Pero “Resurrections” también es una cinta que está llena de contextos filosóficos, de metáforas mariguanas y de guiños a las anteriores. También es una historia de amor donde también te das cuenta que jala más un par de ( o ) ( o ) que una súper computadora futurista. Y con invitados chingones. Desde el ‘Merovignio” hasta Donald Mustard de Epic Games.

¡Ah! eso sí: trae brillo propio dentro de un entorno que deja atrás la croma verdosa para aventurarnos en los colores que diseñó Sati al final de la primera saga. Puedo decir sin lugar a dudas que es más que una digna heredera. Ojo con la tecnología. En unos años varias de esas cosas serán de todos los días. Incluyendo lo que ya vimos con Unreal Engine.
Si no te gustó, échale la culpa a los de marketing de Warner Bros, que son expertos en hacer esas secuelas aunque no quieran los creativos -chiste local-. Y a Neo por inventar el Facebook.

Fuera de mamada, salí bien contento del cine. Aunque estoy consciente que esta película causará muchas divisiones de opinión.

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