Poco recuerdo de cuando tenía 5 años. Entre quedarme dormido en los viajes en coche o autobús, las peleas con mis hermanas en las que yo acababa llorando por ser el menor o los ratos que pasaba solo por no tener amigos, mi cerebro no logra acceder a esa base de datos de juegos con carritos, hielocos y luchadores despintados con manos anfibias de rebaba. Lamentablemente, tampoco recuerdo haber notado los esfuerzos que hacía mi madre todos los días para distribuir su energía entre el trabajo y la casa.

A mis 25, tocó turno de darle un último abrazo a mamá y comenzar a caminar sin ella. Años después, mi hermana mayor y yo acostumbrábamos compartir recuerdos de familia al sabor de un café con galletas. Y entonces comenzó la discrepancia: ella recordaba cosas que yo ni por enterado. Días de angustia, noches de desvelo y sollozos enmudecidos desde el baño.

El amor de una madre esconde una realidad a los hijos por la simple misión inherente de protegerlos. Porque quieren lo mejor para nosotros y mostrarse vulnerables no es una opción. A eso súmenle acabar de llegar a un país en el que no hablas el idioma ni conoces a nadie y tendremos la historia de Lucía, mamá de Max y Leo: Los Lobos.

En casa de ellos hay reglas:

1. No salir del departamento. Nunca. ¡Bueno! A menos de que se esté quemando, entonces sí.

2. Mantener limpio. Los dibujos en las paredes no cuentan, esos son arte.

3. No llorar.

4. Después de una pelea siempre darse un abrazo.

Si no se acuerdan al rato de ellas, no sé preocupen, las pueden volver a leer así como Max y Leo las reproducen una y otra vez en la grabadora que dejó mamá.

Y es que en pleno 2021, tras un año de cuarentena e incontables días que pasamos sin salir de casa es muy fácil identificarse con ellos y entender la vida tras cuatro paredes a través de sus ojos, como niños de nuevo.

La dificultad de traer un taco a la mesa de Lucía y la infantil ilusión de Max y Leo por volver a salir se ven perfectamente retratados por Samuel Kishi Leopo en su cinta Los Lobos, una íntima dedicatoria de una hora y media a su madre que sin duda alguna nos hará romper la regla número 3 en plena sala de cine con lágrimas de tierno dolor.

Si estás buscando una excusa para regresar a las salas de cine, seguro hay otras opciones de aventura, terror y comedia, aunque dudo bastante que haya una que lleve con tal habilidad de viaje al corazón.

Espérenme, ahí voy.

🐺 ¡Auuuu! 🐺

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