Y tú, ¿estás observando detenidamente?

¿Alguna vez han oído hablar del término 'vicario'?. Tal vez les es familiar en un sentido religioso que no me interesa abordar. En su lugar, piensen en el sentido inglés de la palabra: algo que se experimenta en la imaginación a través de los sentimientos o acciones de otra persona.


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¿Alguna vez han oído hablar del término ‘vicario’?

Tal vez les es familiar en un sentido religioso que no me interesa abordar. En su lugar, piensen en el sentido inglés de la palabra: algo que se experimenta en la imaginación a través de los sentimientos o acciones de otra persona.
En mi vida ha habido mucho aprendizaje de primera mano: mi primer pelea, enamorarme por primera vez sin ser correspondido (primera y muchas más) incluso aprendí a andar en bicicleta y patineta con sus correspondientes caídas y lesiones.

Desde que tengo memoria he sido una persona tímida por naturaleza pero adaptable, es decir, si la situación requiere que hable o actúe de cierta manera es muy probable que logre el cometido y salga victorioso de lo que sea a lo que me enfrente. Menos en mis relaciones interpersonales.
Cuando pasas tanto tiempo contigo mismo, sólo, en silencio comienzas a ser el observador y no el protagonista de las historias que te rodean. Casi como si uno fuese la cámara. El espectador.
Mientras más callado eres, menos te notan. Y es que, para los actores el primer gran paso es aprender a ignorar la cámara ¿no?

Así, poco a poco comienzas a registrar historias de amor, de desamor, dramas y hasta historias reales que superan la ficción… o al menos en su momento superaba la de mi versión joven. Cosas como ver a mis padres pelear por una infidelidad, a mi hermana mayor escabullirse a mitad de la noche para experimentar su primer noche de farra, vivir su salida del clóset o por qué incluso intentó quitarse la vida fueron experiencias que absorbí por simple cercanía (Y tal vez la causa por la que casi no voy al cine a ver películas de Drama). Por ello, para ser el observador se necesita empatía si es que se quiere aprender de lo visto. Yo nunca he vivido una infidelidad, ni tuve por qué esconderme para ir de fiesta ni me vi en una batalla interna por aceptar mi sexualidad, por el contrario, pude reducir la curva de aprendizaje en ese proceso de introspección para entender mejor por qué soy quién soy y a aceptar las cosas como vienen.

Así, mientras todos los que se atravesaban en mi vida iban diciéndome que “No se aprende en cabeza ajena” comencé a escuchar los mensajes que el cine y la televisión querían transmitirme. Esa infinita recopilación de experiencias diseñadas para conectar con su espectador y generar sentimientos sin importar qué tan reales son las historias que comparte. La moraleja de la historia.
¿Por qué alguien tomaría en serio un tonto musical que habla de libertad, belleza, verdad y amor? ¿Quién en su sano juicio tomaría enseñanzas de una película de Guy Ritchie? ¿Qué puede saber de resiliencia y duelo una caricatura de superhéroes donde Flash mete a todos en una paradoja temporal?

Todo depende en la atención que prestes.

Si le preguntas a cualquier mamá, la que tú quieras, será la primera en decir que la TV es la caja idiota. Tenemos décadas viviendo con ese precepto en la sociedad, haciendo más difícil que la gente tome lo que le sirve y discierna lo que nada le aporta de este valioso recurso.

Hoy por hoy y ante los ojos de todos sigo siendo alguien sin experiencia: las mujeres en mi vida, conocidos con los que no comparto la pasión del cine o qué decir de los entrevistadores con los que he charlado e incontables veces me han rechazado para una vacante laboral. Juzguemos al pobre diablo que en lugar de dar consejos de vida recomienda episodios de How I Met Your Mother para cada situación. ¿Qué sabe él de la vida?

Ante mis propios ojos no hay vergüenza alguna en saber contemplar las cosas. Al contrario, descubrí a mi propia manera y ritmo lo que Guillermo del Toro describió con tal sencillez mientras recibía el León de Oro en Venecia. Descubrí que el cine es vida. Qué el cine es amor. Somos muchos los que amamos el cine, y quiero suponer que somos muchos también los que aprender a través de él.

Y tú, ¿estás observando detenidamente?

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