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¿Alguna vez has ido a “algo tranqui” y terminas pedísimo con gente que no c | Cinexcepción

¿Alguna vez has ido a “algo tranqui” y terminas pedísimo con gente que no c | Cinexcepción
¿Alguna vez has ido a “algo tranqui” y terminas pedísimo con gente que no conoces, chillando por babosadas de la vida mientras suena José José al fondo? Algo así es Thunderbolts*. Después de todo el relajo que traen en el MCU, estos monos feos, segundones y come cuando hay, llegaron con estilo y con la capacidad de mantenernos entretenidos, con algún que otro trasfondo, aunque jamás metido con calzador. Todo bien orgánico. Son el verdadero “té de manzanilla” de las últimas películas de superhéroes en general. Te caen bien, aunque en teoría no sirvan pa’ ni madres. Después de que Captain America: Brave New World nos hiciera pensar que ya todo iba a ser genérico, de repente llegan Yelena, Bucky, Ghost, el US Agent, el Red Guardian que parece tío borracho en boda, y la Taskmaster que apenas si sale – no es spoiler, estaba cantadísimo – y se juntan para arreglar un pedo gordo causado por un camarada que vendría siendo algo así como un Superman de TEMU con ansiedad existencial: Sentry. Todo bajo la GRAN dirección de Jake Schreier junto a la fotografía de Andrew Droz Palermo, que se rifan con una atmósfera visual deprimente pero pasable, como cuando llueve y no tienes con quién cucharear pa’ ver la tele. Vale la pena ver que se hicieron muchas tomas en campo, con escenarios reales y menos pantallas verdes, además de que las escenas de acción pegan, pero lo más bonito es cuando te das cuenta de que comparado con otros equipos de antihéroes, estos vatos sí tienen química entre ellos y con el público, por eso te terminan importante. Y ojo, el que tengan química no quiere decir que sea como con los Guardianes que a fin de cuentas se enamoran y se terminan amando. Aquí todos se caen DLV entre ellos, pero respetan que tienen la misma condición de basuras segundonas. Posiblemente, lo que más pueda hacer la diferencia con el equipo de Peter Quill, o hasta con los de Suicide Squad, es que de manera orgánica te meten a problemas reales como la depresión y la ansiedad, o aquellas lesiones que son innombrables en una red social, pero que sí existen en una salud mental mal dirigida. Aquí no sólo ves a pendejos disparando, los ves como seres humanos que por pura suerte (mala o buena) obtuvieron sus habilidades. Hay momentos emo, momentos triunfales, pero, sobre todo, es la película más humanamente defectuosa de Marvel, hasta ahora. Justo como comenzó esta reseña, neta, aquí sí dan ganas de invitarles una chela nomás pa’ platicar y que haya una pelea en el bar donde no tengas que meterte porque todos tienen naturaleza de guarura culero y te van a defender, no porque les caigas bien, sino porque en el fondo necesitan compas. Literalmente, es una película con huevos. Le arriesgaron sabroso y supieron colocar a cada perdedor en su lugar. Merece verla en el cine y aprovechar el puente para pasarla chido mientras ves como otros palurdos sufren mientras tú estás tragando palomitas.

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